Más de 100 años golpeando el papel

Más de 100 años golpeando el papel


Por: Yaidel M. Rodríguez Castro

Al toque de la puerta aparece un hombre delgado con overol, huele a tinta fresca y trae manchada hasta la cara… de fondo se siente el chasquido de la Wesler, una máquina que ya debía haberle salido barbas de tan vieja que es, pero aun funciona, y funciona bien, tan bien que sigue marcando el papel como si fuera uno de esos impresores modernos…

Se trata de la imprenta «El Mundo» de Jobabo, ese pequeño sitio que pasa inadvertido ante la sociedad y cuya buena razón de existir continúa estando en un colectivo se las arregla de alguna manera para que las planchas de plomo rotulado sigan ponchando las tiras de papel cuidadosamente cortados por una herramienta de finales del siglo diecinueve.

La historia de esos viejos equipos donde se imprimían unos pocos números de la prensa jobabense de antes del 59 prácticamente se ha perdido, sin embargo, permanecen ahí como testigos inclaudicables de sus operadores, de los de antes y de los de ahora, de los que hicieron posible la salida de los tres o cuatro periódicos y folletos que circularon en Jobabo en diferentes etapas de la República, y posteriormente, los documentos para el central y otros organismos.

Entre tanto chasquido se ven casi borrosos los palanquines de plomo con algunas letras y números marcados a fuerza de una máquina de escritura en reversa, y se sacude el polvo de los viejos armatrostes, unas sendas bolas de hierro colado que parecen nunca van a ser superadas por una imprenta moderna. -Y no hace falta- dice con orgullo uno de los que más les sabe a los polines cuando traban el papel.

La compleja labor ya parece tan fácil que de la gráfica no hay quien les saque conclusiones apresuradas. Y así entre viejas máquinas, entre la tinta fresca que le salpica las manos y el rostro, entre un mundo de recortes de cartoncillo, se mueven los hombres de «El Mundo», dispuestos a enseñar para que esos equipos duren cien años más. Dicen que son artistas de la gráfica -no- son artistas de las adversidades.  




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